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Over The Rainbow

Recientemente ha aparecido publicado un interesante artículo con ese título en “The Economist” en el que se hace referencia a la energía nuclear del torio. http://www.economist.com/node/21549096.

En el artículo, en el que se empieza relatando el grave problema de emisiones de CO2 al que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI, (sólo en los primeros 20 años del SXXI las civilizaciones humanas habremos emitido casi tanto dióxido de carbono como en todo el SXX.) se valoran las distintas opciones que existen para reducir esas emisiones a niveles sostenibles.  En opinión del redactor del análisis, ninguna tecnología actual puede resolver por sí misma el problema. Incluso en combinación,  las actuales renovables, nucleares e incluso las medidas de eficiencia energética, no pueden completar el objetivo. En cualquier caso, la inversión en construcción de plantas no emisoras de CO2 con las tecnologías actuales implicará, según el artículo, no menos de 1,5 billones de $ para remplazar 700GW de las más altamente contaminantes. Si se decide, además, hacer este esfuerzo al margen de la energía nuclear, como plantean países como Alemania, se tendría que multiplicar la planta de renovables y de centrales de ciclo combinado lo que, posiblemente, incrementaría los costes de la energía en un 60%, con la pérdida de competitividad que ello implica. Eso sin olvidar que las renovables necesitan que haga sol, viento o que los ríos tengan caudales suficientes.

Todo ello ha derivado en que incluso muchos ecologistas empiecen a ver la alternativa nuclear como un mal menor, eso sí, buscando nuevos paradigmas en tecnología nuclear, la  llamada cuarta generación.  Entre los prototipos que se barajan en el marco del GIF (Generation IV International Forum), “The Economist” destaca los reactores de sales fundidas de torio,  enumerando algunas de las ventajas ya tratadas en este foro. Pero, según ellos, los reactores MSR sólo conseguirán atraer a la inversión en función de su menor coste, porque si los reactores de 3ª generación son suficientemente seguros, la seguridad no será una baza a su favor. Nosotros, obviamente, no opinamos lo mismo, pues  además de la seguridad, hay que considerar  la capacidad para eliminar residuos, la baja generación de residuos radioactivos de vida larga, el mayor aprovechamiento del combustible, y otras muchas ventajas además del precio.

Ellos plantean que una posible solución es la construcción de pequeñas plantas PWR (reactor de agua a presión) de unos 300MW de producción, porque poner estas pequeñas plantas en marcha requiere menos inversión y pueden llegar al mercado más rápidamente. Sin embargo, no está claro, por la simple aplicación de economías de escala, que el precio final por  KW/hora ofrecido por un conjunto de estas pequeñas plantas pueda competir con el generado en grandes reactores.

Así pues, en su opinión, si bien los reactores de IV generación podrían ser una solución alternativa a la reducción de emisiones, es necesario abordar no sólo el I+D sino también la implementación. Y el sector de la energía no apostará por una tecnología nueva hasta que no vea que funciona.  En definitiva, las centrales eléctricas no son propicias para la innovación radical. Tampoco ve posible que empresas de capital riesgo hagan una apuesta tan fuerte, tan a medio plazo y tan arriesgada. A pesar de ello, recientemente  hemos visto que el mercado es capaz de generar innovadores dispuestos a luchar por ello.  http://newenergyandfuel.com/http:/newenergyandfuel/com/2012/04/03/nuclear-waste-has-new-best-friends/ (desde aquí les deseamos mucha suerte en su proyecto, sin dejar de sentir cierta envidia por la facilidad para emprender y arriesgar existente en  Norteamérica).

En resumen, el artículo, revela un punto de vista conservador y escéptico sobre el asunto de fondo, muy en sintonía con la línea editorial de su cabecera, que de cumplirse, nos llevará a no alcanzar los objetivos de reducción de emisiones o a lograrlo a un altísimo coste. Y si no reducimos las  emisiones corremos serios riesgos de alterar drástica y fatalmente las condiciones de vida en  nuestro planeta tarde o temprano. Pero no le falta razón en cuanto a que la iniciativa privada no va a liderar un cambio tecnológico de esta naturaleza, más aún si su entorno de decisión no genera las condiciones necesarias para hacer semejante apuesta.

Sin embargo, nosotros creemos que hay que adoptar soluciones a la altura de los problemas que hay encima de la mesa. Los reactores de sales fundidas pueden demostrar que son la solución. Hay que crear las condiciones para que se pueda generar innovación y los Estados deberían actuar cuando la innovación se ve dificultada por barreras tecnológicas objetivas; difícilmente alguien va a invertir en un LFTR si luego no puede apropiarse de alguna manera del retorno de esas inversiones o si el plazo de recuperación de esas inversiones es demasiado largo. El artículo deja bien claro que los reactores civiles actuales solo tuvieron éxito por el proof-of-concept de los militares de USA.  Por eso, deberían ser los gobiernos quienes proporcionen el capital y recursos necesarios para impulsar este nuevo cambio tecnológico, que pueda solucionar la crisis medioambiental que la demanda energética de nuestro desarrollo está provocando. ¿Se cumplirán algún día nuestros sueños como dice la canción que proporciona el título al artículo?

One Response

  1. Chema

    Un artículo muy interesante que abre la puerta a debatir sobre de nuevas posibilidades en materia energética que, hasta ahora, eran absolutamente desconocidas. En España el desarrollo de esta tecnología, debido a nuestra dependencia energética del exterior, podría ser realmente muy necesaria.
    Enhorabuena por la inicitativa y mucho ánimo.

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